PERSONAJES EFÍMEROS I: GORKA CUNANAN

Dios bendijo a Gorka con el don de la belleza y la palabra. Era tan guapo que lo llamaban el Jon Kortajarena de Barakaldo. De hecho, el siempre dijo que había compartido instituto con el modelo y que entre ellos siempre hubo miradas porque físicamente eran como dos gotas de agua. La verdad es que un aire se daban, pero vete tu a saber si había algo de cierto en sus palabras. Su belleza era tan intensa como sus mentiras. 

Lo conocí en Berlín y de su vida en España siempre supe lo poco que el me quiso contar. Era el pequeño de tres hermanos e hijo de una carnicera de Portugalete. Huérfano de padre, estudió Bellas Artes y sufrió una infancia difícil en una casa dominada por mujeres. El odiaba a las mujeres. Entre otras cosas me relató episodios de maltrato en los que su madre lo tenía encadenado a un camastro en los bajos de la casa de veraneo a las afueras de Getxo y que le daban comida de gato como alimento. Sus hermanas le tenían envidia porque era el preferido de su abuela paterna, que era quien lo vestía y lo cuidaba, pero desde que falleció aquello se había convertido en una pesadilla. Contaba que su madre lo duchaba a manguerazos de agua fría y que sus hermanas le habían robado la herencia de su padre, que lo consideraban la vergüenza de la familia por ser gay. 

Verdad o mentira, culpaba a la vida de sus delirios. Gorka vivía atormentado por su condición sexual, y de hecho creo que en el fondo parte de su locura le vino por no aceptarse. El quería tener hijos, ser esposo, su sueño era ser un burgués adinerado, de los de pañuelo en el cuello y copa de vino en la mano. Quería beberse la vida y vivir de rentas. Gorka era un mentiroso patológico, vivía en un plano paralelo, en un mundo irreal e inventado. En ese mundo irreal el había formado parte del equipo artístico de firmas como Chanel o Christian Dior. En su mundo imaginario había sido fotógrafo de top models y amigo confidente de Madonna, trabajaba como redactor para Vogue y en su último trabajo había estado cubriendo los desfiles de la semana de la moda de Nueva York. Déjame soñar, porque soñar es gratis, y no le hago daño a nadie con mis historias. 

A veces la realidad le golpeaba de un mazazo y le mostraba lo cruel de la vida, que la verdad era que estaba enfermo, solo, sin casa y cobrando un subsidio social. Esos días Gorka sufría de ataques de ira y maldecía la vida, se preguntaba como Dios le había dado tan maravilloso don pero no dinero. Me gustaría ser feo y rico, decía. Me gustaría pagar por follar y no tener que pensar si llegaré o no a final de mes. Su vida a sus ojos era injusta, ¿por qué un ser tan especial como el tenía que trabajar? “Mira a Jon, el no trabaja, vive de su imagen. La sociedad debe mantenerme porque yo formo parte de ella, me niego a trabajar, yo soy un ser especial. ¡Trabajar es de fracasados!” 

Gorka cambió Berlín por Londres. Allí con un currículum falso pudo trabajar en una guardería. Pero su sueño se truncó a los pocos meses, pues le dio por levantar la mano y dar charlas sobre sexualidad a escolares de 6 años. De aquel trabajo pasó a ser dependiente en Michael Kors en un centro comercial a las afueras de Londres, pero de allí también lo echaron. Se dedicaba a insultar a la encargada y había días que no abría la tienda. Dejó la medicación y se metió en una espiral de sauna y drogas. Sin darse cuenta acabó viviendo de prestado, compartiendo habitación en un barrio al Este de Londres y robando en los supermercados. Terminó desahuciado, en la calle, casi viviendo entre cartones. Pudo volver a Bilbao porque la embajada accedió a pagarle el billete de vuelta a España. Volvió con su madre. 

De nuevo, la vida había sido injusta con el.